lunes, 23 de febrero de 2015

SIEMPRE LA MISMA RUTINA

"Y cuando el tabernáculo haya de trasladarse, los levitas lo desarmarán, y cuando el tabernáculo haya de detenerse, los levitas lo armarán; y el extraño que se acercare morirá." - Números 1:51

    Los nuevos emprendimientos y actividades casi siempre generan grandes expectativas; y dependiendo de diferentes factores que van desde aspectos temperamentales a condiciones físicas distintas, en algunas oportunidades lo que fue un gran entusiasmo se transforma en una tediosa rutina que afecta el estado de ánimo y pone a prueba el sentido de responsabilidad adquirida. 
    El libro de Números contiene muchas instrucciones sobre organización tribal y levítica para el correcto funcionamiento de la marcha de Israel a través del desierto y hacia la tierra prometida. Dios ordenó a Moisés desde el tabernáculo mismo, que se encargara de distribuir la marcha y hacer el censo de todo el pueblo para conocer la condición demográfica y su vital importancia inclusive para enfrentar eventuales guerras. Dentro de estas instrucciones se encontraban también las que concernían a los levitas y su responsabilidad única de armar y desarmar el tabernáculo. Ninguno que no fuera de la tribu de Leví tenía acceso al trabajo encomendado a ellos. 
    Resulta interesante meditar en este trabajo encomendado a ellos si recordamos la cantidad de elementos que conformaban la hechura del tabernáculo descrito en el libro de Éxodo. El trabajo era arduo, minucioso y pesado, pero sobre todas las cosas siempre igual. Nada variaba entre un acampe y otro, continuamente los mismo; los mismos artefactos, el mismo mobiliario, la misma posición, etc. Sin embargo, una y otra vez terminada la labor, la presencia de Dios se hacía visible en el santuario, de día con una nube, de noche en llama de fuego. El trabajo resultaba satisfactorio siempre.
    El apóstol Pablo escribió a los Gálatas, "No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos." (6:9). Si el Espíritu Santo no entendiera que nuestra tendencia es al cansancio en hacer bien, nunca hubiera dejado esta verdad en su palabra. Hemos de velar porque nuestro servicio al Señor no se transforme en una rutina que impida que veamos su presencia en lo que nos ha sido encomendado. Como sacerdocio espiritual cargamos con nosotros la responsabilidad de mantener en orden lo que concierne a un santuario santo que Dios pueda usar sin impedimento. Tu rutina de todos los días puede transformarse en un ministerio oportuno en las manos de Dios. Madres que velan por sus hijos, padres que mantienen constancia en sus trabajos con buen testimonio, detrás de un mostrador o escritorio; con una herramienta o un bolígrafo en sus manos. Pero es el ministerio misionero que Dios te ha dado. 
    Ten mucho cuidado de mantener vivo el sentido de responsabilidad y la frescura de una labor que es resultado de la provisión divina para tu vida. Ninguna otra persona podía hacer el trabajo de los levitas, como tampoco nadie puede hacer aquello que Dios te ha llamado a realizar. Es una verdad que rápidamente olvidamos aquella que nos asegura que "somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas." (Ef. 2:10). Mantengamos viva la expectativa diaria de la tarea que cada uno tenemos que emprender.

¡Dios te bendiga!

-Biblia, mate y oración-
© Copyright Ricardo Daglio - 2013
    

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