lunes, 6 de julio de 2015

CABEZA DE CEDRO, CORAZÓN DE CARDO

"Y Amasías rey de Judá, después de tomar consejo, envió a decir a Joás hijo de Joacaz, hijo de Jehú, rey de Israel: Ven, y veámonos cara a cara. Entonces Joás rey de Israel envió a decir a Amasías rey de Judá: El cardo que estaba en el Líbano envió al cedro que estaba en el Líbano, diciendo: Da tu hija a mi hijo por mujer. Y he aquí que las fieras que estaban en el Líbano pasaron, y hollaron el cardo. Tú dices: He aquí he derrotado a Edom; y tu corazón se enaltece para gloriarte. Quédate ahora en tu casa. ¿Para qué provocas un mal en que puedas caer tú y Judá contigo? Mas Amasías no quiso oír"... - 2 Crónicas 25:17-20a

    Si quieres saber cómo es que Amasías llegó a semejante actitud de orgullo y soberbia, tienes que comprender muy bien qué significa la frase que lo describe al inicio de su reinado, "Hizo él lo recto ante los ojos de Jehová, aunque no de perfecto corazón" (v.2). Tarde o temprano los que viven en el limbo entre obedecer a Dios y hacer lo que quieren terminan mal. Quien vive la mitad para Dios, vive enteramente para su corazón y sus propios deseos. Hay una sola cosa que brilla notablemente en individuos así: La soberbia. Tener más alto concepto de sí que el que se debe tener es la cualidad de los que desoyen la palabra de Dios.
    Amasías pensaba de sí mismo como un gran cedro del Líbano, pero era un miserable cardo sujeto a ser hollado por las fieras del campo. Había derrotado a Edom; lo había hecho inclusive con la ayuda de Dios, pero una vez que se hizo de la victoria, también mostró lo que era, pues tomó lo dioses de Edom y los puso delante de sí y los adoró. Eso es un corazón idólatra y que vive con valores equivocados y escucha consejos equivocados. La palabra de Dios dice claramente que "Amasías no quiso oír"...
    Siempre hay algo que ocupará el corazón; si no es la palabra de Cristo en abundancia para enseñar y exhortar el alma (Col. 3:16), será otra cosa que no tiene que ver con la voluntad de Dios. Una vez que dejas de oír a Dios comienzas a escuchar tu propio corazón y vuelves a ser como el varón que describe la ley de Moisés que dice: "Tendré paz, aunque ande en la dureza de mi corazón, a fin de que con la embriaguez quite la sed" (Dt. 29:19). Pensarás que puedes llevarte el mundo por delante, dirás como Laodicea, "Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad"; pero no tardará mucho el Señor en hacer oír su voz: "no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo" (Ap. 3:17).
    El rey Amasías debía haber repasado los proverbios de su antepasado Salomón; si lo hubiera hecho, habría sido advertido con antelación, pues se destaca esta sabia declaración divina: "Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu". (Pr. 16:18). Procura que tu corazón sea enteramente controlado y gobernado por Dios, te llenará de gozo, te librará del orgullo y te hará verdaderamente fuerte.

¡Dios te bendiga!

-Biblia, mate y oración-
© 2013- Ricardo Daglio -Uso personal, no distribuir sin permiso

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