viernes, 10 de julio de 2015

EFECTO TRIHAGION

"En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos." Isaías 6:1-5

   Triagion es el término que en teología se utiliza para describir la declaración triple de la santidad de Dios (tri - tres; hagion - de hagios, en griego - santo - castellanizado: Trisagio). El profeta Isaías experimentó una visión y audición del Dios tres veces santo cuando murió el rey Uzías. El fue el monarca cuyo epitafio fue "Leproso es" ya que los últimos veinte años de su reinado los vivió en casa apartada a causa la enfermedad adquirida en su soberbia contra Dios.

    Nadie podría olvidar jamás a este rey, pero cuando Isaías tuvo el trihagion, la condición espiritual en la que sintió sumergirse fue peor y más desesperante que la experimentada físicamente por Uzías. Es que la verdadera enfermedad del hombre es interior, en el alma, y no lo externo que de todas maneras se deteriora.

    Isaías contempló la realidad de su condición espiritual sólo cuando vio la santidad de Dios, y eso le llevó inmediatamente a clamar ante lo que entendió era una muerte segura y merecida. No hay duda que quienes contemplan a Dios de esta manera rogarán por una limpieza con urgencia y con temor. Es que mucho de lo que hoy se entiende por un anhelo de santidad es simplemente una especie de fórmula romántica adornada con música religiosa y palabras bíblicas, pero completamente vacía de contenido y sinceridad.
    El efecto de la santidad de Dios en el creyente siempre es sinónimo de indignidad y confesión de pecado en primer lugar; y que luego es evidenciado en adoración piadosa, nunca al revés. 
Isaías se expresó acerca de la inmundicia de sus labios sólo para demostrar que su corazón estaba en peores condiciones, porque "de la abundancia del corazón habla la boca" (Mt. 12:34). Entonces, un trihagion en tu vida no será un superficial esfuerzo por cambiar hábitos externos sino una profunda y regeneradora acción del Espíritu de Dios imposible de imitar o disimular.
    Quiera el Señor obrar a menudo de esta manera en todos los que han sido llamados por Dios a vivir en santidad y reverencia por su causa.

¡Dios te bendiga!

-Biblia, mate y oración-
© 2013- Ricardo Daglio -Uso personal, no distribuir sin permiso          

No hay comentarios :

Publicar un comentario